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Por qué no funciona la terapia de pareja: 5 motivos que pueden estar saboteando vuestra terapia de pareja

  • hace 6 horas
  • 7 Min. de lectura

La terapia de pareja puede ser un espacio profundamente transformador. Sin embargo, en algunos casos, el proceso no avanza al ritmo esperado. Esta situación suele generar una gran decepción y una preocupación intensa en ambos miembros de la relación.


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Es importante entender que el estancamiento no significa necesariamente que la relación esté rota, ni que la terapia sea un fracaso. A menudo, existen otros factores que sabotean el trabajo terapéutico.


Como psicóloga, sexóloga y especialista en terapia de pareja, tanto en mi consulta de Barcelona como en la modalidad online, he observado que ciertos patrones se repiten cuando el proceso pierde eficacia.


Por qué no funciona la terapia de pareja


Cuando una pareja siente que el proceso se estanca, suele preguntarse por qué no funciona la terapia de pareja y qué puede estar interfiriendo en el cambio. A continuación, comparto cinco factores frecuentes que suelen interferir en el avance del proceso terapéutico.


1. Esperar que el terapeuta decida quién tiene la razón


Un error bastante habitual cuando una pareja acude a terapia es creer que el profesional actuará como una especie de árbitro. Muchas personas llegan esperando que el psicólogo determine quién está equivocado y quién no.


Sin embargo, la terapia de pareja no funciona así. No se trata de repartir culpas ni de decidir quién discute mejor, sino de entender qué está pasando en la relación y por qué ambos están atrapados en la misma dinámica.


El psicólogo John Gottman (1999), conocido por sus investigaciones sobre las relaciones de pareja en el llamado “Laboratorio del Amor”, observó que el problema no suele ser una discusión concreta, sino ciertos patrones que se repiten. En su libro Siete reglas de oro para vivir en pareja, describe cuatro especialmente dañinos: la crítica constante, el desprecio, la actitud defensiva y el distanciamiento emocional. Estos comportamientos, más que el contenido de las discusiones, son los que terminan erosionando la relación.


El avance real aparece cuando ambos miembros dejan de centrarse en ganar la discusión y empiezan a revisar su forma de relacionarse. En terapia nadie gana ni pierde; lo importante es que la relación pueda mejorar.


2. Acudir con la intención de cambiar al otro


Es muy común —y humano— llegar a sesión con una lista de reproches y la esperanza de que el terapeuta "arregle" a nuestra pareja. Sin embargo, asistir con la expectativa de que el problema reside especialmente en el otro es uno de los mayores frenos para el progreso.


La terapia no funciona como un taller de reparaciones para personas, sino que es un espacio para transformar la relación. Y la ciencia respalda esta perspectiva. Investigaciones clásicas en el ámbito de la psicología como las de Snyder, Castellani y Whisman (2006) demuestran que el factor que mejor predice el éxito de una terapia es la implicación activa de ambas partes.


El cambio real y sostenible solo aparece cuando dejamos de señalar al otro con el dedo y empezamos a preguntarnos: "¿Qué estoy aportando yo a esta dinámica y qué puedo hacer distinto para mejorar el bienestar de la relación?". Asumir la propia responsabilidad no es admitir una culpa, es recuperar el poder para transformar la relación.


3. Querer soluciones rápidas sin atravesar el proceso


Vivimos acostumbrados a la inmediatez, pero las relaciones no funcionan a ese ritmo. Las crisis de pareja o el deterioro del vínculo casi nunca aparecen de repente; por lo general se van gestando poco a poco, a partir de silencios, distancia emocional o dificultades en la intimidad que se acumulan con el tiempo. Por eso, esperar una solución inmediata en pocas sesiones es una trampa que suele generar más frustración, tristeza y desesperanza.


La psicóloga Sue Johnson (2019), desde su enfoque basado en el apego, señala que muchos conflictos visibles esconden necesidades emocionales que no se han expresado con claridad o de forma abierta.


Cuando solo buscamos trucos o consejos rápidos para discutir menos, nos quedamos en la superficie del problema. Los cambios que realmente transforman la relación requieren tiempo y, sobre todo, la disposición de atravesar juntos los momentos incómodos para poder reconstruir un vínculo más sólido y seguro.


4. Estar presente, pero no disponible


Para que la terapia funcione, no basta con acudir a las sesiones. El cambio necesita motivación por parte de los dos, y cuando uno viene solo por compromiso, por presión o por “cumplir”, el proceso pierde fuerza. Al final, la terapia se parece un poco a un baile: si uno no se mueve, el ritmo se rompe.


La alianza terapéutica —ese vínculo de confianza que se va construyendo entre vosotros y el terapeuta— solo puede ser realmente útil cuando existe una implicación auténtica. Estar físicamente presente no siempre significa estar emocionalmente disponible, y cuando uno de los dos ya se ha desconectado por dentro, el trabajo en sesión tiende a quedarse en la superficie.


Reconocer que esa implicación no está ahí no es un fracaso. Más bien suele ser un gesto de honestidad que ayuda a la pareja a decidir, con mayor claridad, qué camino quiere seguir.


5. Usar la terapia para confirmar una decisión ya tomada


A veces la terapia comienza cuando, en el fondo, uno de los dos ya ha decidido terminar la relación. En estos casos, la consulta no se vive tanto como un espacio para explorar qué ocurre, sino como un intento de validar una decisión previa o de demostrar que “se ha intentado todo” antes de marcharse.

 

Cuando la terapia se utiliza únicamente como un trámite para confirmar una ruptura ya decidida, el trabajo suele quedarse en la superficie. En cambio, cuando ambos se permiten mirar su dinámica con honestidad —incluso si el final es la separación—, el proceso puede ser muy reparador. A veces no sirve para continuar juntos, pero sí para despedirse mejor, con más comprensión y menos heridas abiertas.


La terapia de pareja no siempre tiene como objetivo salvar el vínculo. Como plantea William Lebow (2013), el proceso también puede ayudar a cerrar una etapa de forma consciente, reflexiva y menos impulsiva. No se trata de forzar una reconciliación, sino de comprender qué ha pasado y poder tomar decisiones desde un lugar más claro. Esto puede ser de gran utilidad en futuras relaciones.


Para finalizar


La terapia de pareja no es un camino lineal ni ofrece soluciones inmediatas. A veces sirve para reconstruir el vínculo y otras para comprender por qué no puede continuar, pero en ambos casos puede convertirse en un espacio valioso para mirarse con más honestidad y tomar decisiones desde un lugar más consciente. Cuando existe esa disposición, se convierte en una oportunidad real de crecimiento.


¿Damos el primer paso?


Si te has sentido identificado o identificada con estos puntos y quieres transformar la dinámica de tu relación, puedo acompañaros en el proceso. Ofrezco terapia de pareja en mi consulta de Barcelona y también en formato online.




Preguntas frecuentes sobre terapia de pareja (FAQ)


¿Cuándo acudir a terapia de pareja?

 

No es necesario esperar a que la relación esté al límite para acudir a terapia de pareja. Muchas parejas consultan cuando ya existe distancia emocional o dolor acumulado, pero el proceso también resulta útil en fases tempranas, cuando empiezan a repetirse discusiones, problemas de comunicación o sensación de desconexión. Cuanto antes se aborda la situación, mayores suelen ser las posibilidades de mejora.

 

¿La terapia de pareja sirve siempre para salvar la relación?

 

No necesariamente. El objetivo de la terapia de pareja no es obligar a continuar juntos, sino comprender qué está ocurriendo en la relación y ayudar a tomar decisiones más conscientes. En algunos casos el proceso ayuda a reconstruir el vínculo; en otros, facilita una separación más clara, respetuosa y menos dolorosa. La decisión siempre corresponde a la pareja, no al terapeuta.

 

¿Cuánto dura una terapia de pareja?

 

La duración de una terapia de pareja varía según el motivo de consulta, el nivel de desgaste de la relación y la implicación de ambos miembros. Algunas parejas necesitan pocas sesiones para desbloquear un problema concreto, mientras que otras requieren un proceso más prolongado para trabajar dinámicas más profundas.

 

¿Es normal discutir durante la terapia de pareja?

 

Sí, es normal que aparezcan tensiones o desacuerdos durante las sesiones. La terapia de pareja es precisamente un espacio donde observar cómo se comunica la pareja y aprender formas diferentes de manejar los conflictos. No se trata de evitar las discusiones, sino de aprender a gestionarlas sin dañarse.

 

¿El terapeuta de pareja toma partido por alguien?

 

No. El terapeuta de pareja no decide quién tiene razón. Su función es ayudar a comprender la dinámica relacional y facilitar que ambos puedan escucharse y entenderse mejor. El foco está en la relación, no en señalar culpables.

 

¿Qué hace que una terapia de pareja funcione?

 

Los estudios sobre terapia de pareja coinciden en algunos factores clave: implicación real de ambas partes, disposición a escuchar, capacidad para afrontar conversaciones difíciles y una buena relación de confianza con el terapeuta. Cuando estos elementos están presentes, las probabilidades de cambio aumentan notablemente.


Referencias bibliográficas


Gottman, J. M., y Silver, N. (2025). Siete reglas de oro para vivir en pareja. Debolsillo. (Edición original 1999).


Johnson, S. M. (2019). Abrázame fuerte: Siete conversaciones para un amor de por vida. Alba.


Lebow, J. (2013). Couple and family therapy: An integrative map of the territory. American Psychological Association.


Roddy, M. K., Nowlan, K. M., y Doss, B. D. (2019). Effectiveness of telehealth-delivered couple and family therapy. Journal of Marital and Family Therapy, 45(2), 215–229. https://doi.org/10.1111/jmft.12317


Snyder, D. K., Castellani, A. M., y Whisman, M. A. (2006). Current status and future directions in couple therapy. Annual Review of Psychology, 57, 317–344. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.57.102904.190135



Sobre la autora


Georgina Burgos es psicóloga sanitaria, sexóloga, terapeuta de pareja y terapeuta EMDR. Colegiada nº 23430. Trabaja con personas adultas en procesos relacionados con el bienestar emocional, las relaciones de pareja y la sexualidad, desde un enfoque basado en la evidencia científica y la práctica clínica.


Importante: Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la atención psicológica individualizada.



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