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Las fobias específicas y su tratamiento

Qué es una fobia específica

Se considera que un miedo a un estímulo o situación concreta es una fobia específica cuando cumple estas cinco características:

  1. El miedo es desproporcionado a la situación

  2. No es un miedo racional

  3. Está fuera del control voluntario

  4. La persona presenta una conducta de evitación a la situación o estímulo temido o, si se ve obligada a ello, lo soporta con niveles muy elevados de ansiedad tanto anticipatorios como en el momento de pasar por la experiencia.

  5. El miedo y la activación fisiológica aparecen de forma inmediata, y esta respuesta al estímulo no es ocasional sino que perdura más de seis meses en el tiempo.

Por tanto,

se trata de un miedo irracional y desproporcionado ante una situación o estímulo concreto, que lleva a la persona a sentir un nivel elevado de ansiedad y a evitar el estímulo de forma persistente en el tiempo.

Tipos de fobia específica

Existen muchos tipos de fobia específica; casi podríamos decir que tantos como situaciones o estímulos temidos con intensidad fóbica. En general tienen nombres bien curiosos, como se verá a continuación.

Algunas de las fobias específicas que se tratan en la consulta de un psicólogo son las siguientes:

1. Fobias específicas a animales (zoofobia), como miedo a los perros (cinofobia), a los gatos (gelofobia), a las ratas (muridofobia), a los pájaros (ornitofobia) –y entre ellos a las palomas, muy habituales en las ciudades-, a los insectos en general (entomofobia) o de forma más específica a las arañas (aracnofobia), a las abejas (apitofobia) o a las cucarachas (blatofobia).

2. Fobias específicas relacionadas con el ambiente natural, como miedo a las alturas (acrofobia), a las tormentas o tempestades (queimofobia), a los truenos (brontofobia), a los relámpagos (ceraunofobia), al mar (talasofobia) o a la oscuridad (nictofobia).

3. Fobias específicas situacionales, como miedo a los transportes públicos (metro, autobús...), miedo a volar (aerofobia) o a conducir (amaxofobia), a viajar (hodofobia) o miedo a los lugares cerrados (claustrofobia).

4. Fobias específicas SID relacionadas con el miedo a la sangre (hematofobia), las inyecciones y el daño corporal que pueden tener una repercusión importante en el cuidado de nuestra salud al no asistir al médico, desmayarnos ante la visión de la sangre o no realizarnos los chequeos periódicos pertinentes.

5. Otras fobias pueden ser miedo a vomitar (emetofobia), a atragantarse o tragar (fagofobia), a caerse si uno no está pegado a la pared, a la muerte (tanatofobia), entre otras.

El deterioro de la vida cotidiana y de las relaciones sociales y laborables dependerá de la influencia que tenga la fobia específica que padezca la persona en las diferentes esferas de su vida. Para una persona que deba viajar en avión por motivos de trabajo, la fobia a volar puede ocasionarle la pérdida de su empleo, o niveles de estrés muy elevados cada vez que deba viajar en avión. Por el contrario, la fobia a las serpientes (herpetofobia) para una persona que vive en un núcleo urbano sin la presencia de este reptil, la fobia no tendrá apenas repercusión en su vida; salvo una visita al zoológico o a un amigo con un terrario en su casa.

Mantenimiento de una fobia específica

Desde la perspectiva del enfoque cognitivo-conductual, las dos conductas que mantienen la fobia específica por excelencia son la evitación del estímulo temido y las creencias irracionales y poco realistas sobre su peligrosidad.

La evitación es muy gratificante, pero en contrapartida la persona entra en un círculo vicioso que favorece la intensificación del miedo y fortalece las creencias erróneas. En definitiva, evitar la ansiedad desagradable que provoca el estímulo temido es una experiencia reconfortante que puede implicar un coste –a veces, elevado- en la libertad y bienestar de la persona.

Desde la perspectiva del enfoque estratégico breve, el mantenimiento de la fobia se sustenta en las soluciones ensayadas para afrontar el miedo. En términos generales las dos soluciones ensayadas por excelencia son las siguientes:

  • pido ayuda a personas queridas

  • evito afrontar el estímulo temido.

Por ejemplo, en el caso del miedo a conducir, la persona pide a un familiar o amigo que conduzca por él –o ella- y le lleve en coche allí donde necesite ir, o va en trasporte público en aquellos desplazamientos en los que antes conducía su coche con comodidad.

Además, en el caso de la primera solución ensayada, la ayuda de un ser querido o de un amigo en respuesta a la petición envía dos mensajes a la persona con fobia: te quiero (por eso te ayudo) y no eres capaz de hacerlo (por eso te ayudo).

Estos intentos de solución favorecen una espiral de crecimiento del miedo y disminuyen la confianza de la persona para afrontar su miedo, ya que ésta ira integrando ese “no soy capaz” hasta toparse con la realidad de una profecía autocumplida.

Tratamiento psicológico de la fobia específica

Como se ha visto, las fobias específicas son muy diversas en cuanto a los estímulos y situaciones que las provocan; y lo son también en cuanto a los matices personales de cada paciente.

A modo de ejemplo, si retomamos el miedo a conducir, éste puede caracterizarse en una persona por el miedo a atropellar a alguien mientras que en otra puede ser el miedo a quedarse atrapado en un atasco, a tener un accidente de tráfico y quedar herido, o el miedo a la posible reacción negativa y crítica de otros conductores. En consecuencia, es importante realizar una buena evaluación psicológica y diseñar una intervención terapéutica individualizada que integre técnicas y componentes eficaces con evidencia científica.

Los tratamientos eficaces incluyen como meta final la exposición real al estímulo temido, lo que a su vez puede desanimar a una persona con fobia a iniciar el tratamiento. Por ello, el modo de llegar a esta exposición en vivo deberá adaptarse a las necesidades, ritmo y requerimientos de cada caso, mediante técnicas adecuadas.

Desde el enfoque cognitivo-conductual se utilizarán técnicas como la desensibilización sistemática, la exposición en imaginación, la exposición mediante realidad virtual y la exposición gradual antes de la exposición en vivo. No obstante, cuando sea necesario resolver la fobia en poco tiempo, la inmersión intensiva y prolongada al estímulo durante horas puede ser una opción a valorar.

Por ejemplo, este tipo de intervención puede ser útil para una persona con fobia a las agujas que ha de realizarse un chequeo obligatorio con análisis de sangre requerido en su empresa en el plazo de unos días.

El enfoque cognitivo-conductual utiliza además la restructuración cognitiva -para reformular las creencias irracionales y la percepción de autoeficacia-, así como el entrenamiento en relajación y autoinstrucciones para gestionar la activación fisiológica antes y durante la exposición.

Desde el enfoque estratégico breve se pueden utilizar, entre otras técnicas, la prescripción y la reestructuración paradójicas, y el lenguaje hipnótico sin trance por su carga sugestiva.

Afortunadamente,

los tratamientos psicológicos de las fobias específicas son eficaces y presentan una elevada tasa de éxito terapéutico. Por ello, si crees que tienes una fobia que está entorpeciendo tu vida, la mejor opción es consultar con un profesional especializado.

Bibliografía

APA (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los diagnósticos mentales. DSM 5. Barcelona: Editorial Médica Panamericana.

Bados, A. (2012). Fobias específicas. En M. A. Vallejo (Coord.). Manual de terapia de conducta. Tomo I (pp. 199-263). Madrid: Editorial Dykinson.

Nardone, G. (2003). Más allá del miedo. Superar rápidamente las fobias, las obsesiones y el pánico. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

Nardone, G. (2007). Miedo, pánico, fobias. Terapia breve. Barcelona: Herder Editorial.

Vallejo, J. (2011). Fobias. En J. Vallejo (Coord). Introducción a la psicopatología y la psiquiatría (pp. 155-167). Barcelona: Elsevier Masson.

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