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¿Estás pensando en castigar a tu hijo? Tómate un momento para reflexionar

 

Los recursos orientados a la motivación de hábitos y conductas deseables y un enfoque positivo hacia los objetivos perseguidos pueden ser recursos de mayor utilidad que el castigo.

 

No obstante, si has decidido castigar a tu hijo o hija, ten en cuenta lo siguiente:

 

No le castigues aún si

 

  • Estás muy enfadado por lo que ha hecho, espera a calmarte.

  • No estás de acuerdo con tu pareja en el castigo. En ese caso, mejor negocia qué hacer primero.

  • No vas a ser capaz (o no vais a ser capaces) de llevar a cabo el castigo impuesto. Piensa en otra alternativa.

  • El castigo te perjudica a ti o a tu pareja porque os priva de algo que deseáis hacer o porque os hace sentir mal. El castigo no es para vosotros.

 

Considera estas pautas

 

  • Da la instrucción de forma concreta, concisa y clara para que tu hijo la entienda bien, ya que un castigo ambiguo genera confusión incluso a quien lo pone.

  • Es importante que a tu hijo le quedé claro el motivo por el que recibe el castigo.

  • Se firme, pero no desagradable. Estás castigando, pero ello no implica que además puedas explayarte en los defectos ni hacer comentarios negativos sobre la valía de tu hijo (eres malo, no sabes hacer nada bien, eres tonto o qué...).

  • Habla pausadamente, con calma. Los gritos no ayudan; solo distancian, atemorizan y hieren.

  • No emplees castigos que comporten violencia física (bofetadas...) ni verbal.

  • Evita castigos desproporcionados y de larga duración, como un año sin videojuegos. Sabes que no lo podrás cumplir y que es cruel.

  • Y, sobre todo, no le retires la palabra a tu hijo, pues la relación continúa. Que tu hijo se sienta amado es esencial incluso cuando hace alguna trastada.

 

Saca tus propias conclusiones

 

Si castigas a tu hijo con frecuencia y te enfadas con facilidad, es muy posible que empiece a ocultarte lo que hace.

 

La confianza mutua es esencial para mantener una buena relación. Y siempre puedes interesarte por los motivos que llevan a tu hijo a hacer (o no hacer) determinadas cosas.

 

La contrapartida del castigo es la recompensa. Y una buena gestión de recompensas y premios puede ahorrar malestar, discusiones y, por supuesto, muchos castigos. 

 

 

 

 

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Psicóloga General Sanitaria  y sexóloga

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